De Ferreiros a Palas de Rey

     Mis compañeros esperan estas líneas como verdaderos buitres… 🙂 Y seguramente, nada mas escribirlas, reciba por correo urgente rectificaciones y matizaciones a lo dicho, para que todo quede “perfectamente narrado” y que no se me olvide nada… ¿Veis? Esta es la clase de amistad -de cuna- a la que se refiere Pepe en su presentación… 😀
Y se supone que debo contar lo que no paso la noche que dormimos en Paradela… ¡Vamos allá!
Por la forma de decirlo podría parecer algo misterioso. No, no tiene nada de misterio. Dicho fríamente todo queda en que retrasamos la salida en algo mas de media hora por culpa de quien os lo narra, [¡vale! ¡casi una hora! -lo escribo yo antes de que lo hagais vosotros-] pero quizás, mas que en lo supone en sí, fue la forma en que se vivió, ese algo mas de media hora, la que hizo uno de los momentos estrellas del viaje: ¡Jover se cierra la puerta de la habitación y allí no hay bomba que lo despierte! Ese es el titular un poco como resumen y como cachondeo.
Pues eso… Permanecieron todos en el exterior de mi habitación un buen rato, aporreando mi puerta, ligeramente cabreados…[ 😉 ]. Pepe repetía mecánicamente: -¡No es posible! ¡A quien se le ocurre cerrar la puerta…!. Mira que lo sabía… Salva ideaba, mientras discutían, la forma de despertarme sin que media casa lo hiciera también. La dueña del hostal iba nerviosa de un lado para otro… Hasta se le ocurrio salir al exterior a golpear mi ventana. Pero nada daba resultado… Hasta que a alguien se le ocurrió: -¡Chico! ¡ya está! ¡Qué traiga la chica la llave maestra!
Pepe seguía repitiendo cabreado… -¡a quien se le ocurre! ¡vamos y vamos…! ¡solo faltaría que hubiera dejado su llave detras de la cerradura…

6_21A_0208

     Ya sabéis lo que paso, ¿no? Efectivamente, había dejado la hermosa llave puesta en la cerradura. No podían entrar a despertarme y ciertamente, con el cansancio y la mala noche que pasé, se temían un retraso importante en la salida. Así que desistieron y se pusieron a desayunar, e inexplicablemente, salí yo de la habitación, cual si hubiera olisqueado la tostada con mantequilla…
Estaba desorientado. En esos instantes no sabía realmente que había pasado y por que estaban tan cabreados y fue al sentarme en la mesa cuando explotaron… Como un gato panza arriba lo único que se me ocurrió fue decir: -Se lo dije a Salva. Y Salva me miró con una expresión de desconcierto, con cara de -No me pases el muerto…
Al final, amistad es amistad, y los amigos de verdad son capaces de mirarse a los ojos y decir lo siento, sin mas. Entre amigos, no humilla pedir perdón si uno se equivoca. Creo que estaréis de acuerdo conmigo. Y finalmente, yo les pedí perdón, mientras desayunamos las tostadas y el café con leche. Eso si… durante todo el camino purgué mi error y les dejé meterse conmigo cuando bromeaban sobre el motivo de mi retraso… Yo hubiera hecho lo mismo que ellos.

6_20A_0207

     A las 7 y 1/4 de la mañana iniciamos nuestra jornada. La dueña de la vivienda fue muy amable al ofrecerse a trasladarnos con su vehículo, los aproximadamente dos o tres kilómetros que nos separaban del punto mas cercano de la ruta. Tras montarnos en el todo terreno, respiramos hondo, como quien quiere conservar y saborear la humedad del aire fresco. El sitio era verdaderamente hermoso pero debíamos continuar. Y la jornada nos iba a llevar aproximadamente a unos 32 kms de aquellas tierras, a unas 6 horas y media de camino.
No tardamos en bajar a PortoMarín. La fotos en las que observáis el puente sobre el río Miño son de allí.
¡El paisaje era tan verde…! Acostumbrados nuestros ojos al áspero y árido monte mediterráneo, no podía uno mirar hacia lo lejos y dejar de pensar en lo hermosa que era esa tierra. Nuestros ríos eran pequeños, tan pequeños que en ocasiones la palabra rió resultaba un poco estrambótica. Y si no que se los digan a los que disfrutan del Vinalopó: es mas fácil romperse la cabeza que ahogarse, si cayeras de uno de sus puentes..

     Al llegar a PortoMarín, reconocimos a una gran parte de compañeros que dejamos en etapas anteriores: al italiano lo saludamos (Presto… ¡andiamo!) Estaba solo y cruzamos sonrisas. Era algo mayor que nosotros y de apariencia liberal. De hecho, le suponíamos conviviendo el camino con una mujer americana, estadounidense, rubia y algo mas joven que el. Recorrimos algunas calles en búsqueda del alberque. La idea era sellar la cartilla allí, pero acabamos en un bar de medio pelo, cutre como el que mas, para hacerlo. No podíamos evitar sonreír: nos imaginábamos al prelado de la catedral de Santiago intentando averiguar de donde eran los sellos de nuestras cartillas… Con porte serio y severo: ¿Que clase de camino han hecho ustedes? ¿La ruta del bacalao…?

 

     La estancia en PortoMarin fue corta. Tan solo de paso, como os venía diciendo. Aprovechamos de nuevo para reponer nuestra despensa de fruta, y no quisimos marchar sin comprar tres o cuatro piezas de melocotón y alguna que otra tableta energética. El resto de camino fue bastante aburrido y transcurrió, una buena parte de el, sobre asfalto. Lo cierto es que estábamos rotos al llegar a Palas de Rey. A esto, ha contribuido el inolvidable sprint de Salva Pérez, que ha acabado por fulminar los últimos recursos que nos quedaban.
Ya han aparecido los primeros problemas físicos de cierta entidad… Tarde o temprano tenía que pasar esto: contracturas, llagas, dolor, fiebre…
El Hospital estaba a la salida del pueblo. Al final hay un par de fotos donde están mis compañeros esperando turno para el podólogo. Tuvimos suerte y nos atendió una gallega con mucha gracia con la que se podía bromear.
Y me queda poco mas que contar de esta etapa que pasó sin pena ni gloria. De ella me queda lo que me pareció mas espectacular: conocer al Miño. Falta quizás por contar algunas anécdotas de la cena y la comida, inolvidables, y de una habitación de 3 camas en un hostal pequeño: vivimos una concentración de moteros, de esos de la chupa de cuero y cadenas, y hasta un programa de radio en directo, desde el mismo restaurante en el que íbamos a comer. Y por supuesto: la comida siempre de platos del lugar. Nada de hamburguesas ni comida rápida. Buen vino para el paladar y un buen plato caliente, al gusto del sitio.

     Si mis compañeros no quieren añadir nada mas… os contaré que tal nos fue de Palas de Rey a Arzua. Pero eso será en la siguiente página…

Jueves, 29 de Julio del 2004

Anterior | Menú | Siguiente