De Arzua a Arca (Pedrouzo)

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¡Qué imagen más hermosa…! ¿No creéis? Al menos a mi me lo parece… El camino porque si…, como lo ve el caminante cansado, que levanta sus ojos un minuto y agradece la sombra ligera. Es un paisaje lleno de detalles para enriquecer nuestros sentidos, que no tienen en esos momentos mas obligación que esa: la de dejarse querer por el paisaje. Y no será porque en nuestro entorno habitual no los tengamos… simplemente no tenemos tiempo para disfrutarlos, estamos siempre demasiados ocupados para valorarlos. Hace falta un Camino de Santiago para en ocasiones darnos cuenta de que nuestro interior se llena también de rincones y de sombra, y de tantos detalles que no tuvimos tiempo de apreciar. ¡tantas prisas para llegar a ningún lado!.
Son algunas de las reflexiones que nacen de esta etapa que nos iba a llevar, tras aproximadamente veinte kms., al pequeño pueblo de Arca. La etapa era ligera pues habríamos de invertir algo mas de cuatro horas tan solo y eso era algo que sin duda empezábamos a agradecer. En algún momento hicimos alguna conjetura acerca de reducir un día nuestra estancia en las tierras gallegas, pero cualquier hipótesis se venía abajo tras comprobar como se alargaban en distancia y tiempo las jornadas restantes. Huíamos de las etapas de mas de treinta kilómetros, pero en ocasiones eran inevitables, puesto que las combinaciones de alojamiento no dejaban mas opción que la resignación. Así que aquellos veinte kilómetros iban a ser como un aperitivo.
Y con ese animo iniciamos la caminata en búsqueda en esas primeras horas de algún bar donde saciar la primera hambre de la mañana.

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Tan solo había magdalenas en el establecimiento. Nada más… Pero un buen tazón de leche viene al cuerpo como agua de mayo, en esas horas en las que la madrugada dejo escarchados los cristales. Dejamos a un lado nuestras mochilas y nos sentamos a degustarlas, comentando los detalles de la etapa que íbamos a iniciar.
El parque natural de Arzua es muy hermoso. Es una de las anotaciones que tengo recogidas. Presentaba el sendero abundante vegetación, destacando los eucaliptos.
A medida que avanzamos, quizás ya por cansancio, el numero de fotografías era menor. Sin embargo, no pudimos pasar por alto esta vivienda rural, de la que quisimos tener un recuerdo. En las flores que cuidaba el exterior de la vivienda predominaba el color lila. En esta fotografía se aprecia poco, pues Salva y yo posamos un poco desde lejos. Líneas mas abajo, aparece Pepe junto a uno de los rincones del exterior de la vivienda.

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Muchas subidas hasta llegar al puerto e iniciar una bajada larga de varios kilómetros. No hemos parado prácticamente, salvo para almorzar un par de melocotones y peras del tiempo. Y lo hicimos literalmente en un establo, sentados en unas sillas de plástico que encontramos arrinconadas.
Y llegamos a nuestro destino. Arca es tan pequeño que no encontramos pensiones para alojarnos. Arca… O Pino… Pedrouzo… Muchos nombres que nos confundían, mientras que discutíamos como solucionar el tema de dormir esa noche. Alguno de los tres propuso: ¿seguimos…?.
No… no era una buena idea. A esas alturas andábamos agotados, no por la etapa en sí, sino por lo recorrido en días anteriores. Así que no nos dimos por vencidos y seguimos buscando hasta encontrar a una señora mayor, casi un ángel, que nos indicaba una vivienda particular que podía darnos cobijo. Esa era la casa de la señora Carmen. Esta buena mujer nos alquilo una habitación con tres camas. Una delicia.
Y también conocimos a su marido, fontanero de profesión. Y no se por qué nos llamó la atención las enormes manos del buen hombre. ¡Cualquiera se va sin pagar! Estrechamos sus manos en el saludo y fue el comentario posterior, muy típico de nosotros, que disfrutamos visualizando situaciones complicadas y riéndonos luego. En eso Pepe es especialista.
Se nota que ya estamos cerca del final. Hemos pensado en cambiar el horario de partida en la siguiente jornada, con la idea de llegar a Santiago sobre las 7 de la mañana. Podemos dormir desde las cinco de la tarde y salir a las dos de la mañana. Así que el día iba a plantearse casi como jornada de descanso. Un día para hacer la colada, lavar la ropa y dejarla secar en la ventana de nuestra habitación. Yo aproveché las horas previas a la comida para ir al centro medico a curarme los pies y mis compañeros se quedaron haciendo la compra en un hipermercado cercano a la vivienda. También teníamos que resolver el tema del dinero. El fondo común empezaba a agotarse y había que pagar el alojamiento. Así que también tuvimos que dedicar nuestro tiempo a los temas económicos y financieros y la solución pasaba por encontrar un cajero.
Entre las anécdotas del día tenemos dos y tienen que ver conmigo desgraciadamente. 🙂 El camarero trajo la comida de dos de nosotros en una fuente común y hubieron carcajadas cuando yo, confundido, pensaba que era una ración individual e intente hincarle el diente… Era mas leña al fuego de la leyenda urbana de que como mas que una lima, y que tanto gustan de recordarme en los ratos de ocio. La segunda fue la mosca que yacía en mi tarta de santiago, asquerosamente cubierta de azúcar (lo de asquerosamente va por la mosca). El camarero se llevo la tarta y la mosca y me trajo otro pedazo… pero claro… ya no era lo mismo. Después del espectáculo, las sospechas eran inevitables…
Por cierto, Salva me comentó que apuntara en nuestras notas que Pepe se ha puesto por segundo día consecutivo las mallas al revés. No pude evitar reírme.

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Sábado, 31 de Julio del 2004

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